Comer en Taipei

Sopa de fideos de arroz.

Huan tuan mian. Sopa de fideos de arroz.

Los que me conocen bien saben que nunca he sido un comensal fácil. Sin embargo, mi estancia en Japón me obligó a abrir un poco más mi paladar y me acostumbré a comer casi de todo. No fue difícil además. Me encanta la cocina japonesa y he probado prácticamente todo; incluyendo natto, ancas de rana o anguila. Nunca me ha gustado mucho el pescado, pero devoro el sashimi, especialmente si es atún.

La cocina taiwanesa está resultando sin embargo un auténtico reto. Me cuesta encontrar cosas que realmente me gusten. Me encanta la pasta china tipo dumpling en todas sus variantes (gyoza, xiaolongbao, wonton…), algunas fritangas de los mercados nocturnos y el gyuniku ramen al estilo taiwanés (fideos en sopa de ternera) no está nada mal, pero basar en eso una dieta sería como tratar de vivir en España comiendo sólo croquetas, tortilla de patata y bocatas de jamón. Así que ahora que no podemos cocinar en casa hasta que nos llegue la nevera, incluso echo de menos el restaurante-buffet que tenía justo enfrente del portal de la otra casa; donde al menos ya tenía localizadas algunas cosas que me gustaban. Especialmente una panceta guisada muy parecida a la que se prepara en Okinawa. Basta decir que ha sido en Taiwán donde he comido por primera vez en la cadena de hamburgueserías japonesa Mos Burger.

En Japón, especialmente gracias a mis colegas coreanos, me acostumbré a la comida picante. Eso no es un problema. Incluso me gusta. Pero no termino de acostumbrarme a ese condimento, aún no identificado, que le da a la comida un sabor dulzón y que los taiwaneses utilizan en prácticamente cualquier plato. La carne sabe dulce (y muchas veces está fría), la verdura sabe dulce, ¡hasta el pan de hamburguesa sabe dulce!

Tomarse unos “huan tuan mian” (fideos de arroz en caldo taiwaneses) en un puesto callejero después de una noche de fiesta es una tradición comparable a la del “lomo con todo” del Risko en Salamanca. Pero aquí el problema es que el caldo no sabe absolutamente a nada. La cara de los camareros cuando me ven echar salsa de soja a cholón en el caldo es todo un poema. Supongo que pensarán lo mismo que Jimmy “El Tulipán” Tudeski (Bruce Willis) sobre los que echan mayonesa en las hamburguesas.

7 comentarios
Nota publicada el 23 de Abril, 2009 y archivada en Taipei Taiwán personal.

iwannagothere.com

Moleskine Volant hackeada como City Notebook Taipei

Moleskine Volant hackeada como City Notebook Taipei

Es más o menos fácil encontrar guías sobre Taiwán en general, pero no hay muchas guías dedicadas exclusivamente a Taipei; en castellano no logré encontrar ninguna. Además, las guías tradicionales suelen centrarse en los sitios más típicos; lo que está bien si vas a hacer un viaje corto, pero no si la intención es vivir aquí por un tiempo. Así que cuando llegué me propuse ir haciendo mi propia guía. No centrada en monumentos y lugares típicos, sino en aquellos que serían más útiles para la vida diaria y que seguramente visitaría más de una vez: pubs interesantes, cafeterías, tiendas donde comprar esto o lo otro. Como Moleskine aún no ha editado un City Notebook de Taipei, me hackeé uno a medida para poderlo llevar siempre encima.

Teniendo en cuenta lo poco constante que soy para estas cosas la he ido actualizando bastante regularmente. Pero desde la semana pasada tiene aún más sentido, puesto que he comenzado a colaborar con iwannagothere.com, una web que comparte fundamentalmente el espíritu con el que inicié mi guía, pero que me permite tener todo el contenido digitalizado y accesible desde cualquier lugar donde haya conexión a internet, que en Taipei no son pocos: es la ciudad del mundo con mayor covertura WI-FI. Aquellos que quieran echar un vistazo a los lugares que voy visitando, sólo tienen que pasarse por mi perfil (en inglés).

2 comentarios
Nota publicada el 21 de Abril, 2009 y archivada en Taipei internet personal.

Battles

cartel - Battles @ The Wall (Taipei, Taiwán) 2009

Battles @ The Wall (Taipei, Taiwán) 25-3-2009

Que ayer íbamos todos a recibir una auténtica clase magistral de cómo se maltratan cacharros ya lo sabíamos. Era de esperar de unos tipos que llevan manoseando instrumentos una pila de años. Pero también recibimos una clase de lo que es el verdadero post-rock; o al menos de lo que debería haber sido siempre. Por mucho que a los propios Battles les escueza esa etiqueta; y con razón.

Porque desde que el término (ya no sé si género) se generalizara en la segunda mitad de los noventa había servido principalmente para definir a cuatro muchachos sin demasiado control sobre sus guitarras (pero mucho que decir, eso sí) pasándolo genial sobre el escenario (aunque pusieran cara seria) y aburriendo al personal soberanamente. Pónganles el primer nombre que les venga a la cabeza. O invéntense uno, haganse con unas guitarras y formen su propia banda de post-rock. No es tan difícil y además estarán ustedes revolucionando la música contemporánea. Al fin y al cabo esos chicos se esforzaban por hacer caso al Sr. Reynolds y trataban de tocar otra cosa (nadie sabe realmente qué) con instrumentos típicos del rock.

Y ahí está precisamente el problema. Perdónenme la osadía, pero eso ni es rock ni es nada. Si al rock, por muy post que sea, le quitas el músculo y lo dejas en los huesos, pues será otra cosa, será negro blanco filipino Jim Andris y una mezcla de jamaicol; llámalo tostón, por ejemplo, pero no rock. Porque luego pasa lo que pasa y tenemos que andar tirando de subcarpetas como la de math-rock para meter a ésta y otras bandas que no nos cuadran.

Es cierto que los Battles se saben vender como nadie. No es fácil vender lo que han vendido ofreciendo un producto no apto para estómagos débiles. Pero el secreto no es ponerle a John Stanier el splash a dos metros de altura, aunque ayude: no había visto corear con tanta euforia a un batería por el simple hecho de darle al splash en toda mi vida. Tampoco las efectistas voces de Tyondai. Ni los riffs de teclado y guitarra a dos manos que se marca Ian, mientras discute con John por un quítame de ahí ese cacharro. Desde que Dave Konopka enciende la maquinaria hasta que la vuelve a apagar una hora y media después, lo que caracteriza a los Battles es el músculo. Ellos también desmenuzan las estructuras clásicas, emplean la repetición, dislocan los ritmos e incluso especulan de vez en cuando, pero nunca se olvidan de que la esencia del rock, hoy, ayer y siempre, es el músculo.

No hay comentarios
Nota publicada el 26 de Marzo, 2009 y archivada en Taipei pop'n'roll.