Golden Week »
29 de Abril, 2006
A pesar de que los japoneses tienen fama (ganada a pulso) de currar más de lo que debieran, la vida del universitario es un chollo comparable a la del universitario español. Ayer comenzó la Golden Week: diez días de vacaciones cuando no llevamos ni un mes desde que comenzó el nuevo curso. Y no ha empezado mal. Ayer bajamos hasta Hachioji para ver tocar en directo a varias bandas de la Takudai en la sala Rips. Cuatro bandas universitarias por 500 yenes (unos 4 €) con una consumición. Un chollo. La sala por dentro no tenía nada de especial; bastante similar al Potemkim de Salamanca. Lo que más choca es entrar por un portal, como el de un piso cualquiera, coger un ascensor, subir al tercero y encontrarse eso al abrir la puerta. Esto es algo muy típico en Tokio. Hay restaurantes, isakayas, tiendas de ropa o de discos montadas en pisos por todas partes. De hecho, a veces te puedes llegar a preguntar dónde coño vive la gente. Sobre todo en zonas como Shibuya, la práctica totalidad de los pisos son tiendas o restaurantes. (Por cierto, hemos encontrado dos tiendas en Shibuya donde tienen discos de Sr. Chinarro, Refree, Deluxe y grupos de Elephant que ni siquiera conocía!!).
Las dos primeras bandas me dejaron bastante frío, porque el punk-rock la verdad es que no me llama mucho. Junto con el hip-hop, es lo más “in” entre los jóvenes japoneses, así que hay bandas a patadas. El tercer grupo sin embargo me sorprendió bastante: hacían una especie de noise rock instrumental. Aún se les veía un poco verdes, pero dos de los temas fueron realmente buenos. Estuve a punto de ir a hablar con el guitarrista, pero al terminar el concierto tenía una pose de “yo sólo pasaba por aquí a tocar mis temas, pero me importa todo esto una mierda” que me echó para atrás. A los demás los perdí de vista. La última banda retomó el punk-rock, aunque con un rollo retro a la japonesa: vestidos medio de samuráis, hondeando estandartes y hablando en japonés antiguo. Por lo poco que entendí, en alguna ocasión me pareció que incluso soltaban alguna consigna ultranacionalista, pero no me atreví a preguntar al chico japonés que venía con nosotros, porque lo acababa de conocer y no son muy abiertos cuando se trata de hablar de política.

Terminamos la noche en una isakaya decorada tal y como eran en los años 50, con carteles de películas antiguas y figuras de Astroboy. Realmente mi favorita de todas en las que he estado. Las fotos que saqué con el móvil no le hacen justicia… volví a olvidar la cámara. He subido a flickr algunas de las que he hecho hoy en el tren y en otra isakaya de Omotesando.

